El Quillay, de nombre científico Quillaja saponaria, es un pequeño árbol siempreverde endémico de Chile. Puede llegar hasta los 15 metros de altura. Su corteza es color gris y sus hojas color verde lustroso claro, con 4 u 8 dientes. Da pequeñas flores verdes blanquecinas, de forma estrellada, con 5 pétalos alternos a los sépalos. El fruto es una cápsula de forma estrellada, con semillas en su interior.

Se encuentra en abundancia en algunas áreas protegidas, entre las que destacan los parques nacionales La Campana y Radal Siete Tazas; las reservas nacionales Lago Peñuelas, Rio Clarillo, Roblería del Cobre de Loncha, Rio Los Cipreses y Los Ruiles, y los santuarios de la naturaleza Yerba Loca y El Arrayán.

Es utilizado como ornamental por su belleza, además es bueno para la reforestación de suelos áridos. Pero sus bondades son múltiples, algunas incluso están recién descubriéndose por la ciencia.

El particular encanto de esta especie arbórea nativa se debe al contenido de saponina, una molécula con capacidad de espumar en solución acuosa y permeabilizar las membranas celulares de las pestes o las paredes celulares de los vegetales. Además, tiene la ventaja de ofrecer alta estabilidad al calor, las sales y los ácidos. Por eso, las acciones de la saponina son innumerables y curiosas. Por ejemplo, en Corea se comercializa una bebida con saponina chilena para balancear el colesterol.

En mapuzungún, el árbol se llama kullay que significa “Arbusto del jabón”. Y es que tanto la cultura popular, como la industria farmacéutica y cosmética usan partes del Quillay para múltiples propósitos. La corteza es utilizada desde antaño como detergente, debido a la gran cantidad de saponina que contiene. Se usa como emulsionante, astringente y expectorante. También se aplica para combatir la alopecia y dar brillo y nutrición al cabello.

Aunque es un árbol común en Chile, es respetado por las personas del campo. Cuando el árbol es longevo dicen que deben saludarlo como “Don Quillay”.