El Cóndor Andino, conocido con el nombre científico de Vultur gryphu, habita toda la zona andina de Sudamérica, desde Venezuela y Colombia al norte, pasando por Ecuador, Perú y Bolivia, hasta Chile y Argentina. En nuestro país se encuentra a lo largo de toda la Cordillera de los Andes, desde las costas en la zona norte y hasta el extremo sur. O sea, vuela por todo Chile. No por nada es uno de nuestros símbolos patrios.

Los machos tienen cabeza y cuello desnudos de color rojizo oscuro. Sobre el pico y la frente lucen una gran cresta del mismo color de la cabeza, que baja por ambos lados del pico en forma de pellejo colgante. Lo más elegante es el collar de plumas blancas en la base del cuello. Todo su cuerpo está cubierto con plumas negras con algunos brillos metálicos. Tienen un pico grueso ganchudo, mitad basal carnosa, mitad externa color hueso. Patas café apizarradas y ojos color marrón. La hembra presenta casi las mismas características, pero es mucho más pequeña, no tiene cresta y luce ojos rojos. Los cóndores inmaduros son color pardo grisáceo con la cabeza y cuello negruzcos.

La gran particularidad del cóndor es su gran tamaño. Quienes han tenido la suerte de verlos volar cerca, en su hábitat natural, dicen sentir gran emoción ante su imponente vuelo. Algo más triste, pero no menos sorprendente, es verlo en cautiverio extendiendo sus alas al sol, quizás imaginando un vuelo de 7.240 kilómetros, el largo de la Cordillera de Los Andes.

Sus enormes alas pueden llegar a alcanzar los 3,5 metros; un macho adulto puede pesar hasta 12 kilos y medir desde el pico hasta el extremo de la cola, 1.30 metros. Debido a su gran tamaño el cóndor es una de las aves más grandes del mundo. Nada mal para un carroñero.

La personalidad de estas magnificas aves los hace aún más cautivantes. Si bien parecen seres solitarios de la montaña, son muy tiernos y dedicados entre ellos. Cada dos años hacen su cortejo nupcial, entre los meses de agosto y septiembre, para luego anidar en los acantilados entre 54 y 65 días. Cuando nace el polluelo tanto el macho como la hembra se mantienen unidos hasta por 8 meses y las crías se separan de sus padres recién entre los 5 y 8 años. Rompe el corazón saber que, a pesar del amor y autocuidado que emplean para preservar su familia, el cóndor sea otra de las muchas especies que se encuentran en peligro de extinción. Es por eso que tenemos que preservar su hábitat y ser respetuosos con esta especie que nos deleita con su magnífico vuelo.